¿En qué consiste una dieta cetogénica? ¿Qué dice la ciencia acerca de los eventuales beneficios de la dieta cetogénica en el tratamiento del cáncer? ¿Existe una opinión unánime al respecto? ¿Qué necesita una célula cancerígena para vivir y multiplicarse? Sí, ciencia y filosofía están interconectadas. Porque ¿cómo se podría avanzar en el conocimiento si no…

1. SOLO SÉ QUE NO SÉ NADA… PERO SIGO AVANZANDO

Las cifras en torno al cáncer no dejan lugar a dudas, se erige como la segunda causa de muerte en el mundo. Según la OMS, en 2015, una de cada seis defunciones se debe a esta enfermedad y cerca del 70% de estas muertes, se dan en los países de ingresos medios y bajos.

La OMS incide reiteradamente en los cinco factores de riesgo que están detrás de un tercio de las muertes por cáncer: sobrepeso y/o obesidad; ingesta reducida de frutas y verduras; falta de actividad física; consumo de tabaco; y consumo de alcohol.

Sin embargo, en la sociedad actual sigue sin otorgarse al binomio “tratamiento del cáncer-terapia nutricional”, la importancia que requiere. La propia OMS, al referirse a los tratamientos, se circunscribe a alternativas como la cirugía, radioterapia o quimioterapia, aunque sí establece como objetivo importante mejorar la calidad de vida del enfermo, si bien de nuevo, se limita a los cuidados paliativos y al apoyo psicosocial.

Cierto es que la investigación científica en el campo de la nutrición camina de forma mucho más lenta que en el área de la farmacología. A las limitaciones que se dan en la investigación médica y farmacológica, de las que también participa la investigación nutricional (principalmente escasez de recursos) se unen otras que hacen de esta última un campo todavía muy incipiente (cuestiones éticas que afectan al diseño de los ensayos; dificultades para aislar los efectos de los nutrientes, por las muchas interacciones y factores que intervienen en las mediciones; especificidad de cada organismo; dificultad para homogeneizar parámetros…).

Pero parece bastante manifiesto, y unánime en la evidencia científica, que, así como los hábitos de vida perjudiciales son el camino más directo para perder la salud, recuperar o afianzar un estilo de vida saludable -con la pauta de una específica dietoterapia-, puede ayudarnos a revertir, o cuando menos, mitigar, los efectos dañinos previamente causados.

En todo caso, nuestras decisiones en materia de salud deben estar siempre bien fundamentadas. Todo un reto en una sociedad «infotoxicada», con tal exceso de información, y no siempre veraz, que lo que podría suponer una ventaja (ese fácil acceso a la información) se convierte en un importante riesgo.

Hacerse preguntas

Por ello, el objetivo de este artículo y todos los que se publican en este blog, es incitar al debate, aportar distintos puntos de vista desde el mayor rigor científico siendo conscientes de todas las limitaciones que nos rodean y atentos a los avances que día a día, por fortuna, nos acercan cada vez más al conocimiento de esa increíble «maquinaria» en que habitamos.

2. BREVE REFERENCIA AL METABOLISMO DE LA GLUCOSA Y LA OBTENCIÓN DE ENERGÍA EN LAS CÉLULAS

Antes de abordar los eventuales beneficios de la dieta cetogénica, repasaremos, brevemente, al metabolismo de la glucosa en las células y la obtención de energía a partir de la degradación de esta. Por supuesto, la energía puede obtenerse igualmente a partir de la degradación de ácidos grasos y de proteínas, pero en este estudio nos centraremos en la respiración celular a partir de la glucosa. Posteriormente, incidiremos en las alteraciones que presentan al respecto, las células tumorales.

Pues bien, el catabolismo de una molécula de glucosa, una vez que entra en la célula, se inicia con el proceso conocido como glucólisis o glicólisis.

Este describe una ruta anaeróbica (sin presencia de oxígeno) por la que se degrada la glucosa mediante la acción enzimática. La glucólisis tiene lugar en el citoplasma celular.

Una vez que la molécula de glucosa entra en la célula (gracias a la insulina), se activará mediante un proceso de fosforilación (atribución de un grupo fosfato a la molécula de glucosa, proveniente de un ATP), intervenido por una hexoquinasa y continuará el proceso de catabolismo de la molécula de glucosa, proceso que se descompone en distintas etapas entrelazadas. En las primeras se consume energía en forma de ATP y en las siguientes se obtiene y regenera esa energía. Entre las enzimas que ejercen un mayor control en este proceso están la hexoquinasa, fosfofrutoquinasa y piruvatoquinasa (enzimas normalmente dependientes de magnesio).

Finalizada la glucólisis, además de obtener agua e iones de hidrógeno, se obtiene dos moléculas de piruvato, con los destinos a los que enseguida nos referiremos; y energía en forma de 2 moléculas de ATP y 2 de NADH (que, como veremos son una fuente indirecta).

El destino de las moléculas de piruvato, puede ser variable, según el metabolismo del organismo y las condiciones aeróbicas o anaeróbicas:

  1. Ausencia de oxígeno: Fermentación.
  2. Presencia de oxígeno: Respiración.

Según el organismo, existen distintos tipos de fermentación. Destacamos aquí la láctica, que tiene lugar en el músculo, donde el piruvato se degrada a lactato que, mediante lo que se conoce como Ciclo de Cori, se utilizará de nuevo para producir glucosa-. Continuamos en el citoplasma celular.

En cuanto a la vía aerobia, es importante destacar tres nuevas etapas, que se localizarán ya en la mitocondria.

Oxidación del piruvato. En efecto, en un primer momento, el piruvato atravesará las membranas interna y externa de la mitocondria (orgánulos celulares encargados de obtener energía mediante la respiración celular) e iniciará en la matriz su oxidación obteniendo acetil CoA (además de una molécula de NADH y de liberar iones de hidrógeno y dióxido de carbono).

Por tanto, en esta etapa, se obtendrán 2 NADH (uno por cada molécula de piruvato).  

Ciclo de Krebs. El acetil CoA marcará el inicio de una nueva etapa, ya que este es el compuesto esencial para que se inicie el Ciclo de Krebs. El acetil coA se unirá al oxalacetato formando citrato e iniciando así este ciclo, que también se conoce como ciclo del ácido cítrico cuya finalidad esencial es la obtención de energía en forma de moléculas de GTP (1 por cada molécula de piruvato/acetil CoA), FADH2 (dos por cada acetil) y NADH (tres por cada acetil).

Considerando hasta aquí el balance de fuentes energéticas, directa o indirecta, y teniendo en cuenta los desdoblamientos realizados en las distintas etapas, incluida la glucólisis, podemos concluir que, finalizado el Ciclo de Krebs, de una molécula de glucosa obtendremos 2 moléculas de ATP, 2 de GTP (análoga al ATP), 2 de FADH2 y 10 de NADH.

Cadena de transporte de electrones o cadena respiratoria. El Ciclo de Krebs puede considerarse realmente como una fuente indirecta de energía y es que, como vimos, en él se obtiene solo, de forma directa GTP (equivalente a ATP). Pero las moléculas de FADH2 y NADH entrarán en la cadena de transporte de electrones, donde se lleva a cabo la fosforilación oxidativa, proceso que supone que los electrones van pasando de una molécula reducida a otra que se oxida, hasta llegar al aceptor final que es el oxígeno. Este proceso se lleva ahora a cabo en la membrana interna de la mitocondria.

Por cada una de las moléculas de NADH que entran en la cadena respiratoria se obtendrán 3 moléculas de ATP y por cada FADH2, 2 moléculas de ATP.

De ahí que el balance final de ATP de todo el proceso, desde que entra una molécula de glucosa en la célula será de unos 30-34 ATP (algunos autores determinan una cierta variabilidad en la conversión de las fuentes indirectas en ATP).

3. LAS ALTERACIONES DE LAS CÉLULAS TUMORALES

El cáncer, que supone un crecimiento rápido y desordenado de células anormales, presenta un metabolismo de la glucosa alterado, con un incremento de la glucólisis fermentativa, a pesar de la presencia de oxígeno.

Es lo que se conoce como “efecto Warburg” ya que fue Otto Warburg quien explicó, a principios del siglo pasado, la respiración celular y el metabolismo alterado de estas células. Basándose en este descubrimiento, Warburg estableció una teoría que hoy se considera solo a nivel histórico: teniendo en cuenta que las células cancerígenas se pueden reproducir sin oxígeno, la deprivación de oxígeno pudiera ser la causa de la enfermedad, de ahí que sería importante incorporar a la dieta enzimas respiratorias para prevenir la aparición de cáncer (2).

En el cáncer, la glucólisis está aumentada con respecto a las células sanas, debido a una sobreexposición de una enzima, la hexoquinasa que, como vimos es una de las que ejerce control en ese proceso, activando a la glucosa, iniciando su catabolismo e impidiendo que salga ya de la célula.

Por otro lado, en las células tumorales, las mitocondrias presentan alteraciones estructurales, particularmente en su membrana interna, donde vimos que se llevaba a cabo la respiración celular. De ahí que, realizada la glucólisis el piruvato obtenido utilicé fundamentalmente la vía fermentativa (fermentación aeróbica, en presencia de oxígeno), pasando principalmente a lactato.

Por tanto, según lo expuesto, parece que existe una alta dependencia de la glucosa por parte de las células tumorales. De hecho, en distintos tipos de cánceres, particularmente los tumores cerebrales, se describió este elevado consumo. De ahí que tratar de disminuir la disponibilidad de glucosa mediante una dieta adecuada pudiera incidir en la mejora del paciente con cáncer, con todas las limitaciones señaladas y la necesidad de desarrollar investigaciones científicas al respecto.

4. CARACTERÍSTICAS Y TIPOS DE DIETAS CON REDUCCIÓN DE CARBOHIDRATOS

El concepto de “dieta cetogénica” surge como terapia nutricional con efectos beneficiosos acreditados frente a la epilepsia refractaria infantil, a mediados del siglo pasado.

Una definición amplia incluye aquellas dietas muy ricas en grasas, moderada-baja en proteínas y bajas en hidratos de carbono (CHO) y que tienen como característica principal, de ahí su nombre, la inducción de un estado de cetosis en el cuerpo.

No existe un consenso que permita definir con uniformidad esta dieta en lo que respecta al porcentaje de macronutrientes. En la literatura médica y nutricionista se contemplan distintos tipos según esa variabilidad porcentual y la relación entre las grasas y el conjunto de carbohidratos y proteínas (3,4):

Tabla 1. Clasificación de las dietas reducidas en carbohidratos

TipoRelación lípidos/ CHO-proteínasGrasasCarbohidratosProteínas
Dieta cetogénica clásica o tradicional4:190%2-4%6-8%
3:185-90%2-5%8-12%
Dieta cetogénica modificada (MKD)2:180-85%5-10%10-15%
Dieta cetogénica (MTC) (triglicéridos de cadena media)1:160-73% (30-35% TCM)20-30%10%
Dieta cetogénica Adkins modificada (MAD)1:160-65%5-10%25-35%
Dieta de bajo índice glucémico (LGIT)1:160-70%20-30%10-30%

Fuente: Elaboración propia a partir de datos extraídos de Casademunt (3) y Álvarez-Altamirano et al. (4)

Como se desprende de la tabla, en todos los tipos de dieta analizados, destaca el aporte de las grasas en relación con los otros dos macronutrientes. Y, con respecto a las proteínas, hay que señalar que los porcentajes atribuidos a la dieta varían considerablemente según la fuente consultada. Particularmente, en las dietas LGIT, Casademunt fija el porcentaje de proteínas en un 30% (3), mientras que Álvarez-Altamirano et al. lo establecen en un 10% (4).

En todo caso, es importante determinar con precisión, y de forma individualizada, la cantidad de proteína a ingerir en la dieta, teniendo en cuenta que un paciente sano debe incorporar a su dieta entre 0,8-1,0 g/kg de peso al día. Esta cantidad se incrementa en los pacientes con cáncer, a los efectos de evitar el riesgo cierto de pérdida de masa muscular, de forma que en estos casos debe asegurarse un aporte mínimo de 1g/kg/día y un máximo entre 1,2-2,0 g/kg/día. Según la Guía ESPEN de nutrición en pacientes con cáncer, la cantidad ideal recomendada está por encima de 1,5 g/kg/día (5).

Con respecto a las grasas, es también variable el porcentaje de los distintos tipos de grasas. Las grasas saturadas, según algunos autores, estarían en torno al 20-21% de la ingesta calórica total (6). En todo caso, es importante resaltar específicamente la incorporación de ácidos grasos de cadena media en la dieta (MTC, por sus siglas en inglés).

Triglicéridos de cadena media

No nos extenderemos aquí abordando el metabolismo de los lípidos, solamente señalar que, en el centro de ese metabolismo están los ácidos grasos. Pues bien, estos pueden ser de cadena corta, media o larga, en función del número de carbonos; saturados (sin dobles enlaces) o insaturados (monoinsaturados -con un doble enlace-, o poliinsaturados -más de un doble enlace-). Esas configuraciones marcarán las diferencias esenciales entre ellos.

Por su parte, los ácidos grasos se almacenan en forma de triglicéridos (una molécula de glicerol y tres ácidos grasos) en el tejido adiposo. Una vez que se lleva a cabo la lipólisis, el ácido graso, libre del glicerol es transportado por la sangre hacia las células, donde se llevará a cabo su oxidación, obteniendo acetil CoA y entrando, una parte de este, en el ciclo de Krebs y cadena respiratoria para la obtención de energía.

Pues bien, la dieta cetogénica MTC se caracteriza por incorporar un elevado porcentaje de triglicéridos de cadena media, que están formados por ácidos grasos saturados de entre 6 y 12 átomos de carbono. Algunos ejemplos de estos ácidos grasos son el ácido caproico; el ácido caprílico; el ácido cáprico; o el ácido laúrico (si bien este presenta propiedades intermedias entre los ácidos grasos de cadena media y los de cadena larga). Entre los alimentos que contienen estos ácidos grasos: aceite de coco; aceite de palmiste; y grasas lácteas (mayor proporción en la leche de cabra que en la de vaca).

A los efectos de este análisis nos interesa resaltar que los ácidos grasos de cadena media se absorben mucho mejor, y más rápido, que los de cadena larga; se oxidan más fácilmente pues requieren niveles menores de carnitil-acil transferasa, enzima que interviene en el transporte intramitocondrial (para la oxidación y obtención de acetil CoA deben atravesar las membranas mitocondriales); son más hidrosolubles; en los últimos años se les reconoce un papel importante en el tratamiento y prevención de la obesidad; y la ADA los recomienda como nutrientes GRAS (Generally Recommended As Safe) (7).

Y, otro aspecto que considerar, en relación con las grasas es el vinculado a la metabolización de los lípidos para la obtención de energía.

Si bien el cuerpo puede utilizar como fuente de energía la que proviene de cualquiera de los macronutrientes, es cierto que, cuando hay un predominio de carbohidratos, tiende a utilizar estos como fuente principal de energía. Ello es debido a que, tras la ingesta de hidratos de carbono, entra en acción el mecanismo de la insulina bloqueando la enzima lipasa de los adipocitos e impidiendo así la lipólisis. De modo que una disminución drástica del aporte de estos en la dieta obligará al cuerpo a acelerar la degradación de las grasas, aspecto que está siendo muy estudiado en relación con las dietas cetogénicas y la obesidad. 

Pero, es también relevante el hecho de que la metabolización de las grasas induce la formación de cuerpos cetónicos, base de este tipo de dietas. Algunos autores apuntan que la dieta enriquecida en triglicéridos de cadena media, producen un mayor grado de cetosis “debido a que la absorción y digestión de lípidos son más rápidas, ya que los TCM pasan directamente del enterocito a la circulación portal, en donde son convertidos en cetonas por el hígado” (4). En efecto, una vez que son oxidados los ácidos grasos, especialmente los de cadena corta y media, una parte del acetil-CoA producido se dirige a la formación de cuerpos cetónicos (7).

5. LOS CUERPOS CETÓNICOS. DIETA CETOGÉNICA Y AYUNO INTERMITENTE

El desconocimiento de la posibilidad del cerebro de obtener energía por medio de los cuerpos cetónicos es mayoritario. La creencia más extendida es que se trata de un producto tóxico derivado de una situación de ayuno prolongado o de un episodio de crisis diabética.

¿Qué son los cuerpos cetónicos?

Los cuerpos cetónicos o cetonas son compuestos orgánicos que derivan, fundamentalmente, del metabolismo de los ácidos grasos (en algunos casos pueden obtenerse a partir del aminoácido leucina o del metabolismo de la fenilalanina-tirosina).

En efecto, como ya señalamos, una vez que los ácidos grasos libres son transportados al hígado, se inicia su proceso de oxidación. Si las condiciones son de escasez de carbohidratos (aquí es donde confluyen ayuno y dietas cetogénicas), una vez oxidados a acetil CoA, este compuesto, en vez de entrar en el Ciclo de Krebs y en la cadena respiratoria, dará lugar a la formación de cuerpos cetónicos en las mitocondrias de los hepatocitos (aunque también podrían formarse en otras células -cerebro, corazón, intestino, o riñones-, si bien en menor medida) (8).

Una vez que los cuerpos cetónicos son transportados fuera del hígado, son absorbidos por los transportadores de monocarboxilato, que también transportan lactato y piruvato. La participación de unas enzimas mitocondriales facilita de nuevo la transformación de los cuerpos cetónicos en acetil CoA, y continuar el ciclo para la obtención de energía. A este proceso inverso de obtención de acetil CoA desde el cuerpo cetónico se le conoce como cetolisis y que se produce en casi todos los tejidos extrahepáticos (8).

De hecho, aunque es en el hígado donde se originan fundamentalmente los cuerpos cetónicos, sus células no pueden convertirlos en fuente de energía. Sin embargo, se erigen como un importante sustrato energético en otros órganos periféricos, especialmente el cerebro, pero también, corazón, músculo esquelético y riñones. Se considera que durante el ayuno o con una dieta baja en carbohidratos y con niveles bajos de glucosa, el cerebro recibe entre el 60 y 70% de la energía necesaria, de los cuerpos cetónicos. Según Weber et al., se estima que, después de 3 días de ayuno, las cetonas cubren entre el 30-40% de las necesidades energéticas totales. Y que estos cuerpos cetónicos aumentan rápidamente durante los 10 primeros días de ayuno, alcanzando la meseta después de 30 días (8).

Los tres principales cuerpos cetónicos son: el acetoacetato; la β-hidroxibutirato; y la acetona. Pero, como sustratos energéticos, solamente los dos primeros tienen importancia. Y el β-hidroxibutirato es el más abundante en sangre. Como ya indicamos, en la formación de estos cuerpos cetónicos es donde se conecta el ayuno con las dietas cetogénicas ya que, como señala Álvarez-Altamirano et al. “la dieta cetogénica mimetiza los efectos metabólicos del ayuno limitando la disponibilidad de glucosa en el cuerpo” (4).

Por tanto, lejos de ser considerados como toxinas, los cuerpos cetónicos pueden ser una buena fuente de energía. Además, presentan actividad antiinflamatoria y actúan contra la caquexia inducida por el cáncer, en cuyo trasfondo está el agotamiento de la glucosa en sangre por un consumo excesivo de esta por parte de las células cancerígenas.

Y, como señalan Saz-Peiró et al., durante el ayuno, y ante la falta de nutrientes exógenos, nuestro cuerpo, empieza a consumir las reservas, pero también “los desechos y toxinas acumulados en nuestro organismo”. Según continúan señalando estos autores, se trata de un proceso selectivo que se inicia precisamente con estos productos que son digeridos en primer lugar (depósitos de grasas, colesterol…), de ahí que “algunos tumores hayan podido disolverse tras un largo período de ayuno” (9).

Es preciso añadir un aspecto importante a tener en cuenta para dirimir la eventual confusión en torno a una dieta cetogénica y una dieta baja en carbohidratos y a los efectos de la formación de cuerpos cetónicos y es que, si no se da la restricción adecuada de hidratos de carbono, no se inducirá la formación de las cetonas y, por tanto, podría no alcanzarse el efecto antitumoral esperado (en principio, los cuerpos cetónicos se alcanzarían con mayor facilidad con las dietas cetogénicas 4:1 y 3:1).

Una curiosidad: cómo saber si nuestro cuerpo entró en cetosis

Aunque la forma más precisa de detectar la cetosis es el análisis serológico, existe un test que detecta la presencia de cetonas en orina, que, si bien no es del todo preciso ya que puede arrojar resultados variables en función de la hidratación, afectando a la concentración de las cetonas en orina, se suma a otras sintomatologías que nos advierten de la eventual presencia de cetosis, como el aliento cetónico; o el aumento de sequedad en la boca y de la sensación de sed.

Pueden darse además otros síntomas muy diversos, particularmente en los primeros días de la incorporación de la dieta cetogénica, que, naturalmente, variarán según el tipo y duración de la dieta.  

6. ALGUNOS CASOS ESPERANZADORES

Por un lado, y en relación con las dietas restrictivas, Álvarez-Altamirano et al., concluyen en su estudio de revisión, además de incidir en la necesidad de una mayor investigación al respecto, que se pudo constatar una menor incidencia de tumores y una tasa más lenta de crecimiento de tumores trasplantados, en los animales a los que se les privó de alimento hasta reducir su peso (4).

Y es que cada vez existe una mayor difusión acerca de la eficacia preventiva del ayuno ante el cáncer, unas veces su origen están en las personas que lo practican; o en pacientes que relatan su curación de forma espontánea o fruto de la experimentación animal con ayuno y dietas hipocalóricas (a comienzos del siglo pasado se comprobó su incidencia en la prevención de tumores en animales). En la actualidad, está empezando a apostarse por la reducción calórica como adyuvante en el tratamiento del cáncer (8).

En relación directa a las dietas cetogénicas, son muy clarificadores los dos casos analizados por Casademunt (3) relativos a la incidencia de la dieta cetogénica en dos pacientes con cáncer (en páncreas y melanoma). Una de las pacientes acusó una pérdida drástica de peso y diferentes efectos secundarios a una dieta baja en hidratos de carbono. No obstante, es preciso resaltar que la paciente seguía una dieta descontrolada, con déficit calórico y de todos los macronutrientes, con un desequilibrio manifiesto ya que, entre otros, la paciente no conseguía ingerir la cantidad necesaria de grasas que compensasen la baja ingesta de hidratos de carbono.

Sin embargo, el otro paciente, diagnosticado con un adenocarcinoma en la cabeza del páncreas localmente avanzado, adopta la decisión de acudir a un nutricionista a los efectos de seguir una dieta cetogénica bien estructurada y acompañada de una tabla regular de ejercicio físico. Esta dieta, de 2060 kcal, aplicados en consideración a sus necesidades, se reparten los macronutrientes conforme a los siguientes porcentajes (que corresponderían a una dieta cetogénica modificada, MTC): 5% de carbohidratos; 75-80% de grasas, priorizando las monoinsaturadas, poliinsaturadas y triglicéridos de cadena media; y un 20% de proteína (calculada en base a ingerir un mínimo equivalente a 1,5 g por kg de peso). Debido a las dificultades que puede suponer llevar una dieta de esta naturaleza, se le suministran ejemplos de menús y de reparto, distribución e intercambio de macronutrientes.

Los resultados son dignos de ser considerados. Según el artículo “en las visitas sucesivas mensuales observamos una mejora…Tras la duodenopancreatectomía los médicos confirman la ausencia de metástasis en tejidos ganglionares y respuesta completa al tratamiento. Como medida preventiva finalizará el tratamiento con 8 sesiones más de QT” (3).

En esta misma línea, Álvarez-Altamirano et al. tras una revisión de 11 estudios [1] que relacionaban algún tipo de dieta cetogénica y cáncer, destacan que estas dietas parecen ser seguras para los pacientes con cáncer (no se reportan efectos adversos graves) y, aunque los posibles beneficios no deben generalizarse ya que puede variar la respuesta según el tipo de cáncer, se constataron ciertos beneficios en la población estudiada. Así, en un caso se detectó la recurrencia del cáncer con posterioridad a la suspensión de la dieta cetogénica; en otro caso, en una paciente con cáncer recurrente de mama y positividad en el marcador HER2, se “observó en forma inesperada que posterior a la mastectomía realizada, la expresión del HER2 presentó un resultado negativo”; en otros pacientes, pese a que uno de los posibles riesgos, tanto del cáncer como, aparentemente, de una dieta cetogénica pudiera ser la pérdida de masa muscular, se comprobó que los pacientes con dieta cetogénica, redujeron significativamente la masa grasa visceral y masa grasa, pero mantuvieron la muscular, hecho que se atribuyó a la elevación de los cuerpos cetónicos (4).

Weber et al. (8) también coinciden tras su revisión, en la necesidad de más investigaciones, pero destacan la importancia de que ninguno de los pacientes que siguieron una dieta cetogénica, reportaron incidencias de efectos adversos.

Apuntan varios casos en los que el seguimiento de esta dieta tuvo repercusiones muy favorables en la recuperación de los pacientes. Entre otros, una “excelente respuesta terapéutica” en dos pacientes pediátricos con astrocitoma maligno avanzado, con remisión durante cuatro y cinco años tras el diagnóstico. O el de una mujer con cáncer de mama, con una buena respuesta tras combinar la dieta con el tratamiento médico. Tres pacientes con melanoma que siguieron la dieta cetogénica con triglicéridos de cadena media, más de 16 semanas, superaron significativamente la esperanza de vida que le daban. No obstante, también encontraron algunos casos en los que no se apreciaron beneficios significativos con la intervención nutricional.

Sin embargo, parece común a los casos revisados, la mejora del estado de salud general de los pacientes y un aumento de la energía; pérdida de masa grasa total, pero preservación de la masa muscular; en pacientes caquécticos, ganancia de peso y balance de nitrógeno positivo; y, en los niños una mejor ingesta de nutrientes. Apuntan también algún dato curioso como el referente a un paciente que recibió nutrición parenteral basada en lípidos durante cinco meses, al que le realizaron una biopsia de hígado que no reveló acumulación de lípidos.

En esta revisión, tras comprobar algunos casos de abandono de las dietas, por múltiples causas y algún problema de tolerancia, señalan que, en pacientes con cáncer, pudiera no ser necesario seguir una dieta cetogénica clásica (4:1), siendo suficiente con una modificada (3:1). Y, a los efectos de favorecer una mayor adherencia, advierten de la necesidad de implementar una serie de condiciones:

  1. Diseño de la dieta y seguimiento continuo de un dietista-nutricionista especialista.
  2. Facilitar al paciente ejemplos de menús y recetas.
  3. Ofrecer al paciente clases de cocina.
  4. Eventualmente, y a los efectos de minimizar los efectos secundarios, iniciarse en la dieta de forma progresiva y suplementando de forma adecuada, vitaminas y minerales.

En un ensayo (10) realizado en Japón, entre los años 2013-2018, con 55 pacientes con diferentes tipos de cáncer en estadio IV, y se recogieron los datos de 37 pacientes a los que se les pautó una dieta baja en carbohidratos (10 g/día, la primera semana; 20 g/día, desde la semana 2 y durante 3 meses; y 30 g/día, a partir del tercer mes) arrojó resultados muy esperanzadores. La tasa de supervivencia a los tres años fue del 44,5%. En ningún caso se observaron efectos adversos y sí mejoras en varios parámetros.

Los autores del ensayo concluyen que los resultados combinados de la dieta cetogénica con la quimioterapia y la radiación, son prometedores. El régimen nutricional en que se basa la dieta cetogénica (con la adecuada restricción de CHO que permita inducir la formación de cuerpos cetónicos, como apuntamos más arriba) “parece tener un efecto sobre la supervivencia a largo plazo de los pacientes con cáncer avanzado” ya que dieta cetogénica y quimioterapia tienen un efecto sinérgico en el tratamiento del cáncer (extremo para el que existe evidencia científica en ensayos con ratones).

Los resultados de este ensayo son, si cabe, más esperanzadores aún ya que, a partir de la segunda semana, la dieta seguida se considera de restricción calórica leve, por lo que faltaría determinar si una dieta cetogénica estricta conduciría a resultados todavía mejores.

7. CONCLUSIONES

Estamos ante un campo escasamente explorado desde el ámbito de la investigación científica. De facto, es todavía largo el camino que queda por recorrer para que la comunidad científica considere el tratamiento nutricional, en sentido amplio, más allá de las dietas cetogénicas o del ayuno, un adyuvante del cáncer.

Ciertamente las limitaciones son importantes. Los avances científicos en el campo de la medicina progresan con una mayor rapidez que en el área de la nutrición y ello es debido a las dificultades aparejadas al diseño de los estudios en este ámbito (cuestiones éticas; dificultades para aislar el estudio de un nutriente; y otras muchas que dificultan el desarrollo de la Nutrición Basada en la Evidencia Científica).

Sin embargo, cada vez son más los profesionales que, bajo esa concepción ineludiblemente holística de la salud, incluyen la nutrición del paciente como una parte esencial de su tratamiento. Y, entre otras dietas saludables, parece que los beneficios de la dieta cetogénica y del ayuno, empiezan a ser tenidos en consideración.

Ahora bien, pese a que los efectos adversos de estas dietas no parecen ser significativos (salvo que se adopten de forma descontrolada), las principales dificultades de este tipo de dietas radican, por un lado, en la baja adherencia del paciente. Y es que, la distribución de macronutrientes en esta dieta implica un cambio sustancial en la forma habitual de alimentarse. Por ello, especialmente en pacientes con patologías previas, es esencial abordar la planificación detallada, bien estructurada e individualizada de esta dieta, así como de seguimiento monitorizado del paciente.

Para ello, es imprescindible la colaboración conjunta del nutricionista y los especialistas médicos. Ya que, una dieta cetogénica clásica (4:1), que es la que puede inducir de forma cierta la formación de cuerpos cetónicos, mal diseñada o fundamentada en alimentos procesados, puede conllevar una carencia importante de vitaminas y minerales, por lo que, en todo caso, debe valorarse la necesidad de suplementación de estos micronutrientes.

No obstante, las limitaciones de la investigación científica en nutrición deben hacernos ser muy precavidos a la hora de recomendar un tipo de dieta a un paciente. De hecho, existen también estudios en curso que apuntan a una mayor dependencia de las células cancerígenas de las grasas (las células cancerígenas necesitan lípidos para formar sus membranas), de tal forma que señalan que podría resultar más beneficioso frente al cáncer una dieta con restricción calórica que una dieta baja en hidratos de carbono (11).

En definitiva, es esencial valorar de forma holística la situación, con la estrecha colaboración de los profesionales de la salud en torno siempre a la figura del paciente y considerando e interrelacionando aspectos como:


[1] Los autores advierten que los estudios se llevaron a cabo con poblaciones heterogéneas y un número limitado de participantes, con un diseño de estudio de baja evidencia científica. Como ya señalamos, además de la reducida trayectoria temporal de este tipo de dietas, las limitaciones en la investigación nutricional son considerables.

Si quieres que siga investigando acerca de este apasionante y complejo mundo de la nutrición y la salud, no dudes en escribirme planteándome todas las dudas y temas que susciten tu interés

BIBLIOGRAFÍA

(1) Organización Mundial de la Salud [Internet]. Ginebra: Organización Mundial de la Salud; 2018 [consultado 11 noviembre 2020]. Notas descriptivas. Disponible en:

https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/cancer

(2) Fresquet J. Historia de la Medicina [Internet]. Valencia: José Luis Fresquet; 2015. Otto Heinrich Warburg (1883-1970); 2007 [consultado 11 noviembre 2020]. Disponible en: https://www.historiadelamedicina.org/warburg.html

(3) Casademunt J. Dieta cetogénica en oncología: Serie de 2 casos en páncreas y melanoma, con resultado diferente. JONNPR. 2019; 4(6): p. 598-607.

(4) Álvarez-Altamirano K, Bejarano-Rosales M, Rosas-González E, Miramontes-Balcón K, Serrano-Olvera J, Fuchs-Tarlovsky V. Dieta cetogénica en cáncer: revisión de la literatura. Revista de Nutrición Clínica y Metabolismo. 2020; 3(2): p. 64-73.

(5) Arends J, Bachmann P, Baracos V, Barthelemy N, Bertz H, Bozzetti F et al. ESPEN guidelines on nutrition in cancer patients. Clinical Nutrition. 2017; 36: p. 11-48.

(6) Covarrubias P, Aburto M, Sámano L. Dietas cetogénicas en el tratamiento del sobrepeso y la obesidad. Nutr Clin Diet Hosp. 2013; 33(2): p. 98-111.

(7) Sáyago-Ayerdi S, Vaquero M, Schultz-Moreira A, Bastida S, Sánchez-Muniz F. Utilidad y controversias del consumo de ácidos grasos de cadena media sobre el metabolismo lipoproteico y obesidad. Nutr Hosp. 2008; 23(3): p. 191-202.

(8) Weber D, Aminzadeh-Gohari S, Tulipan J, Catalano L, Feichtinger R, Kofler B. Ketogenic diet in the treatment of cancer-Where do we stand? Molecular Metabolism. 2020; 33: p. 102-21.

(9) Saz-Peiró P, Alonso-Sánchez M, Saz-Tejero S. La restricción calórica y el ayuno en la prevención y tratamiento del cáncer. Medicina Naturista. 2012; 6(2): p. 78-88.

(10) Hagihara K, Kajimoto K, Osaga S, Nagai N, Shimosegawa E, Nakata H et al. Promising effect of a new ketogenic diet régimen in patients with advanced cancer. Nutrients. 2020; 12(5): 1-12.

(11) Ecancer News. Cómo afecta la dieta a los tumores [Internet]. London: ecancer.org [21 de octubre de 2021] [consultado 4 de mayo de 2023]. Disponible en:

https://ecancer.org/es/news/21131-como-afecta-la-dieta-a-los-tumores

2 comentarios

  1. Considero que la dieta cetónica es la dieta más sana al tratarse de una dieta rica en proteínas a base se carnes, pescado, quesos, frutos secos y reducción de carbohidratos. Lo que pasa es que se trata de una alimentación cara y que aumenta el precio de la cesta de la compra al no tratarse de alimentos procesados. El problema es que se nos ha informado erróneamente de los beneficios de las frutas pero se trata de azúcares y lo
    mejor es sustituírlas por todo tipo de verduras que crezcan por encima de la tierra (tomates, pimiento, brócoli, pepino etc) y dejar de consumir alimentos que enérgicamente no sirven más que para producir picos de azúcar. La pasta, el arroz, el pan, las patatas son realmente una fuente de energía rápida en forma de carbohidratos para el cuerpo y cerebro pero que no dan lugar a una sensación de saciado y pasada la sensación de llenado, la sensación de hambre vuelve. Pasados los cuarenta es igualmente necesario reducir la inflamación corporal, a la cual contribuyen los carbohidratos y nuestros tendones y tejidos blandos se benefician de una dieta rica en proteínas y que ademas reponen la masa muscular. Cuando el monedero se resiente, se cocina más pasta, arroces y estofados de patata o incluso se cocinan patatas fritas, pero estos alimentos no son buenos para el organismo. Llevo casi tres años alimentádome de manera casi continuada a base de una alimentación cetónica. La hinchación de estómago se reduce y se aprende a comer correctamente. Eso sí, requiere de compras casi diarias de alimentos frescos y de calidad y ahí es dónde no todo hogar puede permitirse no rellenar un plato de carbohidratos a base de ”guarnición” de arroz o patatas, porque es caro. Sustituir la leche por leche de avena de calidad para el café es otra manera de consumir que cuestiona incluso cadenas muy establecidas de ventas de productos alimenticios con los que hemos crecido en casa y que impiden que nuevas formas de entender cómo debemos alimentarnos se extiendan de manera democrática a todos los hogares. Las anchoas, quesos curados, el salmón, todo tipo de mariscos, salchichas con más de un 90% de carne, mantequilla de calidad que no margarina, embutidos pero sin pan y carnes rojas junto con el pollo y sin comprar congelados y aún menos congelados de alimentos procesados, son alimentos caros, y no todo el
    mundo puede permitirse una dieta cetónica, aún menos si se trata de familias con niños. Los yogures, zumos, frutas, las zanahorias son sólamente un pequeño aporte de vitaminas si lo comparamos con tomarnos ”un calippo de Coca-cola”. La nata líquida para postres pero sin azúcar para usarla en el café no es precisamente económica y el litro vale casi cuatro veces más que un litro de leche de vaca. El tema de las dietas cetónicas cómo prevención del cáncer, no creo que sea cierto, pero si que existe correlatividad que una persona que se permite una cesta de la compra de mayor precio, seguramente tiene un mejor acceso a una atención sanitaria y a un sueldo y empleo que respetan los descansos reglados en los convenios laborales disminuyendo así factores de riesgo del cáncer cómo el estrés y que en sí pueda conllevar asociado un menor caso de algunos tipos de cáncer. Gracias por el artículo, muy interesante!

    1. Gracias Maria por tan sumamente interesante y fundado comentario. Estoy muy de acuerdo contigo en eso que comentas de las frutas, de la inflamación, exceso de hidratos de carbono o la carestía de una buena alimentación, aunque mi trabajo fin de grado y mi propósito como profesional es que una alimentación saludable pueda ser asequible para todo el mundo. Es decir, que el derecho a una alimentación saludable se erija como un derecho humano universal (como lo es el derecho a la vida y a la salud o al desarrollo adecuado de la infancia, tan sumamente vinculados a la alimentación).
      Por un lado, siempre preciso que no soy muy partidaria de prescribir en general dietas, en la acepción de «régimen o control de alimentos», y sí de las dietas en cuanto a «comportamiento nutricional saludable individualizado».
      Pese a los avances lentos, y muchas veces contradictorios, de la investigación científica en nutrición, hay conocimientos sobre alimentación saludable que no dejan lugar a dudas (reducir azúcares, bollería industrial, alimentos procesados…). Ese sería el primer paso a dar para conseguir nutrir tu cuerpo.
      Otro aspecto esencial es aprender a escuchar tu cuerpo, no solo porque es único, sino porque él mismo te dará a conocer los problemas y las respuestas a ellos (ya Hipócrates, además de considerar la alimentación como la mejor medicina, hablaba de la autorregulación del organismo para curar sus propios males).
      En cuanto a las frutas, hace unos días precisamente una paciente me comentaba que tomaba 5 o 6 piezas de frutas al día, convencida de que lo estaba haciendo muy bien. El azúcar de la fruta es la fructosa, la industria enseguida se dio cuenta de que al tener un índice glucémico más bajo que la glucosa, era una opción magnífica para añadirlo a sus productos. ¡Y llegó el JMAF (jarabe de maíz alto en fructosa) para seguir envenenando nuestra salud! Que la fructosa nos salga por todos los poros de la piel. La EFSA advierte que altas ingestas de fructosa pueden conducir a complicaciones metabólicas, una dieta alta en este azúcar favorece el aumento de peso, estrés oxidativo, inflamación…
      Por otro lado, estoy muy de acuerdo en que tomamos demasiados hidratos de carbono. La distribución general de macronutrientes establece para los hidratos de carbono un 50-60% de las calorías totales. Siempre lo ví excesivo y procuro establecer para mis pacientes un porcentaje progresivamente menor. Principalmente les explico que no tiene mucho sentido comer pasta, y pan, por la mañana y arroz o pizza por la noche. Aquí entra otro aspecto esencial de unos hábitos saludables: aplicar el sentido común.
      Y en relación a las alternativas para poder llevar una alimentación saludable con pocos recursos, ciertamente no hay muchas cuando quieres incluir una proteína animal de calidad. Es muy difícil comprar carne de ternera, cerdo o pollo de calidad en los supermercados (con respecto al pollo, en determinadas circunstancias trato de reducirlo ya que el que se comercializa está muy hormonado). Y, en cuanto al pescado, mi preferido en la dieta, nos encontramos también con muchos problemas (metales pesados, sobre todo en piezas de gran tamaño…).
      Por tanto, las opciones podrían pasar por:
      – Compra en mercado local, productos de temporada
      – Combinar bien las legumbres para que constituyan una proteína de calidad
      – El huevo es un alimento completo (pero como siempre sin abusar)
      – Aprender a hacer de forma casera proteínas vegetales o leches vegetales (estas últimas son muy sencillas y más saludables que las que se compran, muchas con azúcares añadidos)
      – Apostar por una alimentación sencilla, sin elaboraciones complejas
      – El ayuno intermitente o reducir algo las calorías que ingerimos son una opción muy saludable (al margen del ahorro que suponen). En mi cuenta de instagram puse un esquema de la escala del hambre, cuando deberíamos empezar a comer y cuando parar (y es manifiesto que comemos de más).
      En definitiva, el mundo de la nutrición es complejo… pero nosotros (en cuanto sociedad) lo hacemos más difícil de lo que en realidad es.
      Gracias de nuevo María!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

es_ES